Opinión – por Carlos Del Frade
El narcoterrorismo es una invención de Estados Unidos, de su llamada ciencia militar, el sujeto a combatir desde la construcción de la doctrina de seguridad continental que siguió a la doctrina de seguridad nacional que impulsó los genocidios en América, entre ellos el de hace medio siglo aquí en la Argentina.
Los intereses militares y empresariales estadounidenses a través de la DEA comenzaron a regular qué carteles iban a ser los más beneficiados por protección y permisos para exportar a distintos lugares del mundo, entre ellos el propio país del norte.
Desde Pablo Escobar Gaviria al Chapo Guzmán, desde Roberto Suárez Gómez (el iniciador de los grandes cargamentos desde Bolivia) a las maras salvadoreñas, todos ellos fueron impulsados y luego abandonados por los nichos corruptos del estado más asesino de la historia humana como el norteamericano.
Pero además del negocio, el narcoterrorismo sirve de excusa para invadir países, democratizar el miedo y hacer de gobiernos títeres como el de Javier Milei las puntas de lanza para meter a las fuerzas armadas para generar miedo y control social. Ojalá esta mirada se tenga en cuenta porque es la conclusión de treinta años de estudio.

