Cuatro de cada diez jóvenes en la Argentina no consiguen independizarse económicamente ni mudarse del hogar familiar, de acuerdo con un informe de la Fundación Tejido Urbano. En 2025, el 38,3% de las personas de entre 25 y 35 años seguía viviendo con sus padres, una cifra que mostró un leve empeoramiento frente a 2024, cuando el indicador había sido del 37,8%.
Según explicó Matías Araujo, investigador de la fundación, esta situación responde a una combinación de factores culturales, sociales y, principalmente, económicos. “Detectamos tres grandes tendencias en la población de 25 a 35 años, que en 2025 representa a unos 1.800.000 jóvenes que no lograron emanciparse”, señaló, y remarcó que el número se mantiene prácticamente sin cambios desde hace una década.
Durante los últimos diez años, la tasa de no emancipación osciló “entre el 36% y el 40%”, detalló Araujo en diálogo con el programa Podría ser Peor (Radio 2). El estudio se elaboró a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, complementados con encuestas propias realizadas tanto a jóvenes que aún viven con sus padres como a quienes ya se independizaron.
De ese análisis surgieron como factores determinantes “los estudios universitarios, el tipo de empleo, el nivel de ingresos y el proyecto de vida familiar”. En relación con los ingresos, el investigador advirtió que en los últimos años aumentó el peso del alquiler sobre los salarios: “En promedio, los jóvenes destinan el 41% de su sueldo al pago de un alquiler”.
El informe también muestra diferencias marcadas entre quienes lograron emanciparse y quienes no. Entre los jóvenes que alquilan, la tasa de desocupación se ubica entre el 4% y el 5%, mientras que entre los no emancipados asciende al 10%. Además, “un joven que se emancipó gana el doble que uno que no lo hizo”, indicó Araujo.
El impacto de los estudios y el mercado laboral
Otro de los puntos destacados del relevamiento es la situación de los jóvenes que continúan estudiando. En el grupo de entre 25 y 35 años, quienes cursan estudios “duplican la probabilidad de seguir viviendo con sus padres”.
El informe también subraya un cambio estructural en el mercado laboral: actualmente, “las personas de 30 años están accediendo a empleos que en el año 2000 ocupaban jóvenes de 20”. Esto ocurre en un contexto en el que el mercado de trabajo argentino “no ha generado oportunidades genuinas para los jóvenes en los últimos 20 años”.
En ese escenario, crecieron el cuentapropismo y la informalidad, una dinámica que, según Araujo, debilita las expectativas de acceder a una vivienda propia y también a derechos asociados al empleo formal, como la cobertura de salud o una futura jubilación.
Déficit habitacional y expansión urbana
Desde la Fundación Tejido Urbano también advirtieron sobre el crecimiento de las viviendas precarias y la expansión de los asentamientos en las grandes ciudades. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos o Europa, en Argentina se observa un “crecimiento exponencial de la mancha urbana”, especialmente en áreas como el Gran Rosario, la Ciudad de Buenos Aires y Córdoba.
Araujo explicó que esta dinámica se vincula con la posibilidad de acceder a un lote, incluso en ciudades intermedias, lo que impulsa a muchas familias a trasladarse desde zonas rurales hacia las periferias urbanas. “Buscan un lugar donde instalarse rápidamente y levantan ranchos o casillas”, describió.
Según datos de la organización Hábitat para la Humanidad, en Argentina al menos 314 mil familias viven en viviendas con pisos de tierra. A esto se suma que más de un millón de hogares presentan condiciones deficitarias, ya sea por falta de cielorrasos o por tener paredes de adobe sin terminaciones adecuadas.

