Un trágico episodio conmocionó este miércoles al norte de Colombia tras confirmarse el accidente de un avión perteneciente a la empresa Searca, que operaba un vuelo para la aerolínea estatal Satena.
Luego de varias horas de intensa búsqueda e incertidumbre, la aeronave fue hallada por campesinos en una zona de muy difícil acceso, próxima a la frontera con Venezuela. De acuerdo a los primeros informes oficiales el impacto fue devastador y provocó la destrucción total de la estructura del avión.
La peor noticia fue confirmada por el secretario de Seguridad del departamento, Jorge Quintero, quien informó que no se registraron sobrevivientes. “No nos dan reporte de ninguna persona viva”, señaló el funcionario. En el avión viajaban 13 pasajeros y dos tripulantes, y el siniestro ocurrió a unos 30 minutos del casco urbano de La Playa de Belén.
Las tareas de recuperación de los 15 cuerpos representan un enorme desafío para las autoridades colombianas. A la complejidad del terreno montañoso se suma la situación de seguridad en la región, donde operan grupos armados como el ELN y disidencias de las FARC. Por este motivo, el Ejército y la Fuerza Aérea debieron desplegar un operativo especial para resguardar el trabajo de los equipos de rescate.
En paralelo, la Aeronáutica Civil reveló un dato que genera preocupación: la baliza de emergencia de la aeronave no se activó, lo que demoró la localización inicial por satélite y obligó a depender del aviso de los pobladores rurales. Ante esta situación, se conformó un equipo de especialistas y cartógrafos para investigar las causas del accidente.
El gobernador de la región ya puso en marcha los protocolos internacionales para el levantamiento de los cuerpos. Mientras se aguarda una mejora en las condiciones climáticas y de seguridad para ingresar a la denominada “zona roja”, los familiares de las víctimas permanecen en los aeropuertos de origen, a la espera de la identificación oficial de los restos.

